La gestión de talento como práctica de económica desleal

Rolfe Hugo Buitrago
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Gestionar el recurso humano para convertirlo en más productivo no es un modelo exclusivo de la empresa tradicional (productos tangibles). Las atípicas (producción de productos intangibles) como las del deporte, nos enseñan arquetipos que poco a poca se convierten en métodos obligados de las típicas.

La enseñanza de gestión va desde sucesos de alto impacto mediático como los portafolios de las Grandes Ligas estadounidenses NFL, MLB, NHL y NBA, hasta las Copas Mundo FIFA, UEFA, África o América en las que millones de consumidores crean un nexo emocional alrededor de sus ídolos o estrellas.

En este proceso, las deportivas (unidades de negocio) también planifican su desarrollo con equipos de trabajo de campo responsables del diseño estratégico y táctico de la actuación de la materia prima (deportistas) en los campos de la producción (estadios). Y con grupos de oficina capaces de transformar las aptitudes del atleta en visibilidad comercial para rendimiento en cifras de equilibrio financiero de su Círculo Virtuoso.

En esta transición, el deporte elevado a producto aporta valores tanto desde las capacidades individuales del recurso humano como de trabajo en equipo para maximizar resultados con frentes homogéneos de enfoque organizacional.

Pero el desafío de convertir el talento humano en fuente privilegiada de la tesorería tiene riesgos y más cuando el negocio tiende a enceguecer a la hora de evaluar el costo – beneficio de los métodos y las formas como el atleta con aptitudes es llevado al proceso de la cadena de producción.

Cito el caso del deporte universitario de Estados Unidos. Los ingresos ascienden a 10.500 millones de dólares al año. ¡Asombroso! Supera el rendimiento económico de las 32 franquicias que producen el principal entretenimiento de los gringos: el producto NFL (National Football League). Lo difícil de entender es que en el país con la economía más desarrollada del mundo y con el modelo privado de negocio deporte más exitoso, menos de 30 por ciento de esa cantidad se destina a becas y ayuda financiera para los jugadores colegiales.

La gestión de talento ocupa un lugar cada vez más importante tanto en la literatura de la administración como en la agenda de los ejecutivos de la gran empresa deporte. Involucra a todo el directorio que participa en el diseño y la ejecución de la estrategia de la unidad de producción. Y esto es práctica común en la Asociación Nacional Atlética Colegial de Estados Unidos (NCAA), el holding que maneja el negocio del deporte universitario. En términos de estrategia de negocios, este sería un arquetipo de gestión ideal, pero según recientes revelaciones, una vergüenza de gerencia.

¿Por qué? Permítanme contextualizar.

El ruido de esta realidad lo propaga el reciente fallo de un tribunal federal en California contra NCAA de violar la ley antimonopolios. El suceso que dio origen al dictamen ocurrió en 2009, cuando la entonces estrella del básquetbol colegial, Ed O’Bannon, presentó una demanda de acción colectiva contra la NCAA (el club de escuelas que establece las reglas que rigen a los deportes colegiales) y EA Sports, una compañía de videojuegos que usaba una versión tenuemente disfrazada del deportista en un videojuego.

La empresa de tecnología pagó los derechos a la NCAA pero excluyó al jugador de las regalías por su condición de colegial aficionado sin salario. El señalamiento judicial avivó el tema de los atletas estudiantiles en la pobreza por la carencia de becas que compensen el costo de vida más allá del alojamiento y los alimentos, y de paso marginados de cualquier retribución por su imagen comercial, mientras la exigencia física en los campos a tope va en contra de los tiempos de formación educativa en aula lo que facilita el fraude académico como las “reuniones en clases de no asistencia”. En la escuela promedio en las cinco “conferencias” (subdivisiones) de más altos ingresos de la NCAA, solo el 44 por ciento de los jugadores de básquetbol masculino se gradúan en un plazo de seis años.

En un reciente informe de la revista inglesa The Economist, con el nombre “deporte colegial: los jugadores: 0; las universidades: 10.000.000.000 dólares”, se revela que mientras millones de estudiantes pasan apuros para pagar su educación superior, cientos de universidades ofrecen becas completas a los pocos solicitantes afortunados que son lo suficientemente talentosos para competir en deportes intercolegiales. Sin embargo, un creciente número de críticos denuncian a este arreglo como explotador.

Claudia Wilken, una jueza federal en California, falló que la NCAA estaba coludiéndose (hacer un pacto ilícito o un daño a un tercero) para impedir el comercio. Dictaminó que su prohibición de que se pagara a los jugadores por el uso de su nombre o su imagen era ilegal, y sugirió que las universidades establecieran fondos de fideicomiso a los que los atletas estudiantiles pudieran echar mano después de la graduación. El efecto de su de cisión quizá sea modesto al principio: Permite a la NCAA poner un tope a los pagos a los jugadores de apenas 5,000 dólares al año. Sin embargo, establece un precedente que pudiera mover a una de las formas de entretenimiento más populares y lucrativas de Estados Unidos.

Explica The Economist, que la mayoría de los atletas estudiantiles técnicamente viven en la pobreza, porque sus becas no cubren el costo de vida más allá del alojamiento y los alimentos y la NCAA les prohíbe firmar acuerdos de patrocinio o licencias independientes. Cuando la división de cumplimiento de la NCAA se entera de jugadores que tratan de completar su sustento vendiendo autógrafos o mercancías, o aceptando regalos prohibidos como boletos de avión para ir a casa, tatuajes con descuento o abarrotes gratis, aplica suspensiones prolongadas, que a menudo cuestan a los atletas sus becas al año siguiente.

Frente a este desequilibrio social y económico, varios desafíos legales están avanzando en los tribunales. Un grupo de ex atletas demandó a la NCAA para recibir compensación por las conmociones cerebrales que sufrieron mientras jugaban, mientras que un juez laboral aprobó la solicitud del equipo de fútbol americano de la Universidad del Noroeste para votar sobre la formación de un sindicato. En marzo pasado, Jeffrey Kessler, un abogado que ya ha ganado un caso de antimonopolio contra la NFL, presentó una nueva demanda de acción colectiva contra la NCAA que busca revocar todas las restricciones a los pagos para los jugadores. Si el fallo es favorable, el dañino postulado aplicado a la gestión del talento aficionado (no profesional) se borrará de los deportes colegiales de Estados Unidos.

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