Dios, marketing y fútbol

Rolfe Hugo Buitrago
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El 16 de agosto de 2003, un elegante joven de 20 años y 1.86 centímetros de altura, pisaba el milanés aeropuerto de Malpensa. Era su segundo aterrizaje en Europa en menos de 24 horas tras el sueño de su vida, luego que un día antes el entonces director deportivo de la empresa Real Madrid, Jorge Valdano, le negara la estadía en el templo del fútbol español Santiago Bernabéu por joven y costoso. Pero él junto a su padre, un próspero empresario brasilero, habían cruzado el atlántico sin el ‘acoso del balón’ como excusa para atenuar la pena de una vida abocada a la escasez de la pobreza. Contrario a Ronaldo, Ronaldinho, Robinho y otros ejemplos que fueron adormecidos con los arrullos del hambre y la miseria de las favelas,

Ricardo Izecson Santos Leite, “Kaká” (foto) nació y creció en una familia rica de Brasilia, de vocación cristiana (religión protestante) y que jamás negó a su hijo una pelota para calmar la ‘fiebre fútbol’ adquirida de las retransmisiones de televisión del calcio donde sus ejemplos a seguir Paolo Maldini y Billy Costacurta eran las estrellas.

Cuatro horas después de ese 16 de agosto, Silvio Berlusconi, entonces Primer Ministro de Italia y dueño de la marca AC MILAN, mostraba su habilidad financiera para invertir a futuro. Pagaba 8,8 millones de dólares por el jugador que en el mediano plazo se convertía en el activo corriente de mayor valor del mercado mundial, gracias a la imagen humilde, éxito personal y actitud ganadora para persuadir consumo en y fuera de los estadios.

La tarde del 5 de octubre de 2003, Silvio Berlusconi llegaba estadio Giuseppe Meazza para vivir con intensidad, como lo ha hecho durante los recientes 25 años, el derbi del fútbol italiano, Milán contra Inter. En el minuto 25 del primer tiempo, el entonces Primer Ministro recibe las gracias por la deferencia de dos meses atrás. KAKÁ se colocó frente a la tribuna de su patrón. Levantó su camiseta para descubrir un mensaje que decía “Jesús te Ama”, al tiempo que sus manos se levantaban al cielo. Fue un destape mediático de mucho ruido. Con el gesto, la nueva ‘joya de la corona’ del magnate no sólo manifestaba las gracias por el lugar preferente que le había asignado. Su primer gol en la Liga era la apología perfecta sobre su profunda convicción como Atleta de Cristo, una congregación evangélica que nació en Brasil para la promoción del protestantismo con deportistas alrededor del mundo. El clásico termina con triunfo del Milán 3-1. Y Kaká, la estrella.

Tras el feliz estreno, la exposición mediática crece al ritmo de su fútbol. La visibilidad de su marca personal era más notoria cada vez que la gran prensa desvelaba su vida cotidiana, atípica de un joven de su edad: No le gusta salir de casa, ir a discotecas o fiestas, no bebe licor y su esposa (también de acomodada familia) es su novia de toda la vida, la que conoció cuando ella rondaba los catorce años. Ha confesado que ambos llegaron virgen al matrimonio, pues su sentimiento religioso así lo predica. En adición, por su imagen humilde, ganadora y sexy es el modelo preferido de las marcas que buscan reconocimiento de imagen y persuasión de consumo en los mercados del entretenimiento.

A pesar de la caída de su rendimiento en los estadios, se mantiene  junto al ex jugador inglés David Beckham, el ex futbolista sueco Frederick Liümberg y el portugués Cristiano Ronaldo como los modelos consentidos de la cultura gay.

Esta invasión de rectitud y éxito personal en fuera de los estadios fueron las variables que sumaron para que el líder mundial en hojas y preparados de afeitar lo fichara como uno de los cuatro modelos de su exitosa campaña Gillette Champions en 150 países.

Para Giorgio Armani, propietario de la marca de ropa que lleva su nombre, Kaká posee el atractivo físico ideal para motivar desde la pasarela el consumo de sus líneas de producto casual. Es desde hace seis años el modelo de la casa italiana. “Le admiro no sólo por su talento como jugador. También es el espejo al que aspiro que se fije mi empresa. Es natural y elegante. No necesita gritar para llamar la atención. Su carácter hace que las personas le admiren naturalmente, ya sea en el terreno de juego o en la sala de reuniones de una compañía”.

Tal vez este referente entre Glamour y pasarela que transmite su físico, lo clasifica junto a  Beckham, Liümberg y Cristiano Ronaldo como las representaciones más admiradas de los consumidores Metrosexuales. Quiere decir, jóvenes con dinero para gastar, que viven en las metrópolis donde están las mejores tiendas, clubes, gimnasios y peluquerías. Pueden ser homosexuales, heterosexuales o bisexuales que se toman a sí mismo como su propio objeto de amor y placer y aman los productos de vanidad masculina. También profesionales independientes que modelan, trabajan en los medios y las productoras o en la música pop y activos “practicantes” del deporte por salud preventiva y vanidad masculina.

Hoy, de 31 años, después de un paso entre aplausos y críticas por el Real Madrid, el ex Primer Ministro Silvio Berlusconi intentará rentar la otrora Joya de su Corona, todavía intacta en al menos dos de sus fuerzas persuasivas: Dios y marketing.

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