Del banano, el gato negro, el olor a ajo y la eficaz gestión de la segregación

Rolfe Hugo Buitrago
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Villarreal y Barcelona jugaban el partido de Liga Española. De pronto, un banano cayó cerca desde donde el barcelonista Daniel Alves se disponía a ejecutar un lanzamiento de esquina. El suceso desató una oleada mundial de apoyo al jugador por ese insulto racista. Horas más tarde, el joven que tiró la fruta “fue detenido por un delito contra los derechos fundamentales y libertades públicas”.

“Me molesta mucho que tú quieras transmitir tu asociación con los negros. ¿Tenías que hacerlo?”, le reclamó Donald Sterling a una joven, que trascendió, era su novia. La voz se escuchó en un podcast que divulgó el sitio web de celebridades TMZ. El comentario le costó al dueño de Los Ángeles Clippers, una de las 30 franquicias de la NBA, la suspensión de por vida de cualquier relación con el holding deportivo. Sterling es un rico americano con una fortuna de 1.900 millones de dólares. Compró el equipo de la NBA en 1981 por 12 millones de dólares. Es el propietario más antiguo en la liga.

En Brasil, la noche anterior a la última carrera de los circuitos de la Fórmula Uno de 2008, a Lewis Hamilton, le arrojaron un gato negro, señal de mala suerte en el país sudamericano. Su padre Anthony, contestaba: “Llegamos aquí para hacer un trabajo decente y nos merecemos estar aquí. Si a la gente le gusta, muy bien. Si no, entonces estoy triste por ellos y tal vez Dios los perdone”: Por fortuna para la escudería McLaren, el símbolo negativo de la creencia brasileña no prosperó y el inglés ganó el título mundial de pilotos.

Patrick Vieira, el centrocampista ganador de la Copa del Mundo en Francia y de la Copa de Europa 2000, durante su paso por la Liga Premier Inglesa cuando jugaba con Arsenal, recibió los insultos de un defensa del West Ham luego que el francés echara un escupitinajo a la cara del inglés: “French prat” (trasero francés) y “sentí olor a ajo”.

Entre el insulto eficaz y el humor sexista

Cito a Tim Crabbe, profesor de sociología del deporte en la Universidad Hallam de Sheffield, Reino Unido. El racismo que se manifiesta en los partidos de fútbol en Europa depende, las más de las veces, de tradiciones y rivalidades propias de las culturas de los hinchas. En este caso, el concepto de “insulto eficaz” resulta útil: los aficionados tenderán a emplear la injuria más efectiva y virulenta, en un afán de causar el mayor daño posible. Los hinchas de los clubes ingleses, cuando se enfrentan a los de Liverpool, cantan habitualmente “prefiero ser paki (pakistaní) que scouse (oriundo de Liverpool)”. En este caso, el insulto se elige pensando en los parias despreciados por ambos grupos de hinchas, con el claro objetivo de que resulte lo más hiriente posible. En este sentido, afirmar que la categoría racial de los pakistaníes es preferible a la identidad blanca de los de Liverpool significa añadir al insulto una dosis de veneno.

Para el especialista, la raza como tal suele permanecer en segundo plano, pero lista para ser esgrimida si se estima adecuado incorporarla al ritual de denuestos de un partido de fútbol, y no como un elemento político decisivo de la identidad de los hinchas. El hecho de que muchos de los cánticos de los ultras italianos sean adaptaciones de melodías tradicionales comunistas o fascistas no constituye en sí una prueba de adhesión política, como tampoco indica una afiliación eclesiástica la frecuente utilización de músicas de himnos religiosos por parte de los aficionados británicos.

Las comparaciones entre las injurias registradas en los estadios de fútbol en el mundo sólo permiten probar que el racismo emerge en un contexto de prejuicios compartidos por los aficionados. En Brasil, por ejemplo, donde muchos pertenecen a grupos étnicos marginados y discriminados, los insultos raciales son escasos (en su lugar se practica el humor sexista).

Gestionan do la segregación

En cada etapa o fase de un proceso, desarrollo o transformación, segregar ha sido uso de la sociedad para medir posición social y poder. Separar y marginar a una persona o a un grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales es todavía una manifestación notoria en la industria del deporte.

Hago referencia de algunas. En repulsión, luego de finalizar la carrera de los 200 metros en los Juegos Olímpicos de México, 1968, los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, medalla de oro y de bronce respectivamente, alzaron su puño envuelto en un guante negro mientras el himno estadounidense se escuchaba en el estadio. Un gesto que dio la vuelta al mundo y que se instaló con forma de afiche en la historia social del siglo veinte: sus puños alzados representaban el símbolo del Black Power (poder negro), el movimiento en el que se resumían las protestas y las aspiraciones de la comunidad negra en los Estados Unidos.

En los setenta y ochenta, la sociedad inglesa aceptó que los hooligans (gamberros) en el fútbol, convirtieran el racismo en manifestaciones de odio, repugnancia y hostilidad hacia los jugadores negros extranjeros.

El estadounidense James Watson, considerado el ‘padre del ADN’, predicó en una de sus obras, que los individuos de raza negra son menos inteligentes que los blancos. Pero sus teorías se vienen abajo cuando se trata de buscar la superioridad de los deportistas negros en pruebas que conllevan esfuerzos muy intensos pero de corta duración, como los que requieren la práctica del atletismo, baloncesto o fútbol americano.

Un escándalo sonoro fue el de la suiza Martina Hingis durante un US Open. En una controvertida entrevista a una revista estadounidense acusó a la familia Williams de sacar ventaja del color de su piel para obtener buenos patrocinadores. Sus críticas cayeron como una bomba en el aristocrático y cerrado círculo de la elite del tenis mundial, una especie de circo romano donde conviven estrellas millonarias, dirigentes históricos y empresarios avispados. En respuesta, el padre de las jugadoras contestó: “Yo soy negro y prejuicioso. La gente es prejuiciosa en el tenis. Creo que mis hijas nunca serán aceptadas por el tenis, pero si tienes unas blanquitas como Tracy Austin y Chris Evert, que no son capaces de pegarle a la pelota, ellos (los medios) dirán que son grandiosas”

VOCABULARIO DEL COMENTARIO

– PREJUICIO: Juicio u opinión, generalmente negativo, que se forma inmotivadamente de antemano y sin el conocimiento necesario: “siempre tuvo muchos prejuicios sobre los orientales”.
– SEGREGACIÓN: Separación, marginación de un grupo social por razón de su sexo, raza, cultura, o ideología: “la segregación racial está castigada por la ley”.
– GESTA: Conjunto de hazañas de un personaje o un pueblo: “la gesta de Roncesvalles; la opinión pública alabó su noble gesta”.
– EUROCENTRISMO: Tendencia a considerar todas las cuestiones ideológicas, históricas y culturales desde una perspectiva exclusivamente europea: “estudia el descubrimiento de América desde un irracional eurocentrismo”.

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